domingo, 4 de mayo de 2014

Descalza por la arena...



 
Hoy he dejado que otros prueben ir en mis zapatos... Voy descalza por la arena de aquella playa solitaria, recorriendo mis pasos. Hoy lucho, pero sin tener que pelear, mis oponentes son solo las olas, van y vienen, rompiendo su espuma en mis pies. No me juzgan, ni me señalan de rara... Simplemente me abrazan con sus dedos mojados. 
Hoy no busco venganza, ni tampoco victorias. Solo miro el mar y le pido que sea mi aliado, aunque por un día solo... 
Es la playa de nuestros sueños, donde todo lo que sueñas es posible. Donde nadie, ni nada se opone a dos almas sinceramente unidas  por el hilo rojo del destino. 
Hoy no sueño, siento...
©Nadezhda Petkova Kostadinova

jueves, 1 de mayo de 2014

Mariposas


 

De tanto intentar 
ser tan transparentes, 
nos hemos convertido 
en seres invisibles...
Tal vez ya ha llegado 
el momento adecuado
de sacar a los colores
que escondemos dentro, 
los que guardamos 
en nuestro interior, 
para no desaparecer,
quizás, por completo.
No seas indeciso...
Matarás a las mariposas 
en tu estómago.
Y sin ellas no podrás saborear
al amor que percibes. 

©Nadezhda Petkova Kostadinova
Todos los derechos reservados

Corriendo con el hijo del viento de Nadezhda Petkova Kostadinova - Editorial Club Universitario

viernes, 25 de abril de 2014

Las cosas importantes de la vida

       
  
            Las cosas importantes de la vida   
                                                Por  Nadezhda Petkova Kostadinova
  
Entretenidos con lo cotidiano, corriendo hacia el éxito o simplemente intentando sobrevivir, no nos damos cuenta que estamos perdiendo lo más importante de nuestra vida. Intentamos arreglarlo todo de una manera, quizás, equivocada. Hemos perdido unos de nuestros sentidos, los más importantes.
No nos damos cuenta. Ya no nos saludamos igual, no compartimos lo que tenemos, ni tampoco somos capaces de abrir nuestros corazones, así sin miedo. El egoísmo se ha apoderado de nosotros, nos ha dominado completamente. No decimos lo que sentimos, ni tampoco sentimos lo que decimos. Así de sencillo. Hubo tiempos cuando si te caías, siempre había una mano para ayudarte a levantar. Sin pedirte nada a cambio. Ni reprocharte nada.                 Hubo tiempos cuando la gente se daba besos al encontrarse en la calle, pero besos sinceros, de esos que te hacen sentir alagado. Ya todo esto se ha convertido en una simple adulación. La hipocresía es nuestro único consejero. Siempre buscando beneficios, por lo pequeños que sean. Hasta menospreciamos nuestra propia dignidad con el único objetivo de tener más. Todo esto es una mentira…     La vida es tan simple, tan sencilla. Somos nosotros estos, quienes queremos tenerlo todo, en vez de concentrarnos en esto de ser más benévolos, más compasivos y más sinceros. Pisoteamos todos nuestros principios, pisamos cadáveres si es necesario… Enseñamos a nuestros hijos no respetar todo aquello que nuestros padres nos dejaron de herencia – la dignidad de llamarte PERSONA.                                                                                         Me considero una de los pocos  que quedan de la especie de las personas sencillas, corrientes. Y a pesar de que otros lo ven ridículo, puedo decir con la mano en el corazón. Tengo mucho orgullo para caer de rodillas delante de nadie, suficiente honestidad para irme cuando he perdido la batalla y doble de valentía para volver y ganar la guerra.  

©Nadezhda Petkova Kostadinova 
Todos los derechos reservados   

La niña que ama a la Luna

  
Soy la hija menor del Viento, libre y ligera. En mi paso te voy acariciando con mis alas de seda, doy vueltas a tu alrededor, hasta llegar a tu corazón... Y allí es donde me paro, para que me sientas siempre...
Soy libre, pero no puedo irme. Eres mi Luna... Brillas y me haces feliz. Te escondes detrás de las nubes y me pierdo buscando te. O quizás este enamorada perdidamente de mis fantasías. Ser la hija de alguien tan poderoso y a la vez la que ama a un sueño. 
Por esto sigo dando vueltas a tu alrededor, acariciando te con mis alas de seda...

©Nadezhda Petkova Kostadinova
Todos los derechos reservados