domingo, 17 de abril de 2016

La Natura del Ocaso

Nadie entendería el hecho
de que siguiera buscando tus pasos,
aunque se acabara el día
y el sol lentamente cerrara los ojos.

Pero justo antes de cerrarlos,
en este preciso momento,
antes de que la ciudad se quede dormida,
veo escrito tu nombre...

©Nadezhda Petkova Kostadinova, 2016
Todos los derechos reservados
Imagen: Carlos Montero Gil "La Natura del Ocaso"

Abrazame

Un trocito de mi
duerme en el interior de un frasco,
frasco frágil, muy frágil,
cómo mi alma...
A la hora de la verdad
simplemente quitaré mi máscara
para que descubras
donde está guardado...
Nos disfrazamos de día,
pero la noche nos vuelve libres,
en partes, porque seguimos
tapándonos las cicatrices...
Tú abrazame,
lo demás son tonterías!
©Nadezhda Petkova Kostadinova, 2016
Todos los derechos reservados
imagen: Javier Lorente, acrílico sobre lienzo

IRIDISCENCIAS DE MAR SOÑADO

"A veces simplemente me dejo llevar
en las alas de un viento misterioso,
no necesito correr descalza por la arena,
cierro los ojos y me traslado.
Entonces descubro mi verdadero lugar,
entre colores y pasiones encadenadas,
sumergidas en el fondo de mi interior,
deseando salir a la superficie..."

Nadezhda Petkova Kostadinova,2016
Todos los derechos reservados

Imagen: "IRIDISCENCIAS DE MAR SOÑADO", Javier Lorente
La obra y el poema juntos forman parte del catálogo de " La Luz,El Eco", primera exposición de ArtNostrum, Cartagena

domingo, 10 de abril de 2016

Morimos lentamente

Morimos lentamente mientras
nos negamos cada beso, cada caricia,
escondemos la mano para no estrechar
la otra mano que tenemos delante.
Morimos lentamente mientras
nos negamos a devolver una mirada,
apartamos la vista para no conocer
las penas que esconde la otra.
Morimos lentamente mientras
buscamos apariencias y no verdades,
nos envolvemos en humo de falsedad
y nos olvidamos de las bondades.
Morimos lentamente mientras
nos clavamos palabras como puñales,
nos disparamos discursos innecesarios,
diseccionamos nuestras almas.
Morimos lentamente, no nos damos cuenta
que mientras nos negamos a decir "te quiero",
hay unas leyes de inmensa gravedad
que nos cogen y nos sacan de orbita.
Morimos lentamente mientras
le ponemos límite a los sentimientos,
encerramos con candados el corazón...
Morimos lentamente, y punto!
©Nadezhda Petkova Kostadinova, 2016
Todos los derechos reservados
Imagen: Michail & Ivonne Garbash

sábado, 9 de abril de 2016

Vuelos nocturnos


Convertí mis brazos en alas,

para poder volar y buscarte,
para encontrarte entre la multitud,
para volver de nuevo a abrazarte.

Pero de tanto volar me cansé,
simplemente eran vuelos al vacío,
sin sentido, sin destino tal vez,
vuelos sobre el nido de tu ausencia...

Y me acosté debajo de las estrellas,
con la única esperanza que en sueños,
volvería a encontrar el mapa correcto
de los caminos que a ti me llevarían.

©Nadezhda Petkova Kostadinova, 2016
Todos los derechos reservados

sábado, 2 de abril de 2016

Cuerda invisible

Las tormentas que golpean a esta alma
han convertido su piel en una fortaleza,
grabando en sus paredes cada intento
de invasión...
Pero el corazón, aunque roto en pedazos,
sigue guardando memorias innecesarias,
porque el corazón es el trastero del alma,
sin duda...
Y aunque los pies se quieren alejar,
y no dejan de hacer intentos,
hay una cuerda invisible que los hace parar,
que los frena...
Esta cuerda invisible se llama amor,
el que hace que el corazón se componga
y le de señales a la piel - fortaleza
para que se rinda...
©Nadezhda Petkova Kostadinova, 2016
Todos los derechos reservados

domingo, 27 de marzo de 2016

La muñeca y el Diablo

La encontró un día...
Sola, desencaminada, hecha pedacitos... Una muñeca, rota por los golpes que le había dado el destino, escondida debajo de un montón de enredos. La cogió en sus manos, recogiendo los trocitos de porcelana con mucho cuidado. Nunca había visto una cosa tan pequeña y tan grande a la vez. A él ya no le quedaba amor, se lo había gastado todo en la ruleta de la vida. Su piel, hecha de amores pasajeros, guardaba las marcas que había dejado cada uno de ellos.
Ella abrió los ojos y lo miró fijamente. Seriedad cubría su cara, pero una especie de sonrisa jugueteaba en su mirada.
- Quien eres?- preguntó la muñeca.
La sorprendió la delicadeza con la que la sujetaba y el calor que desprendían esas manos fuertes. No le tenía miedo, a pesar de la apariencia, algo le decía que podía confiar.
-Soy el Diablo...- contestó él fríamente. No se avergonzaba de lo que era, no se arrepentía de nada lo que había hecho en esta vida. Era un ser solitario, aunque buscaba placeres y los encontraba, sin sentimientos, sin compromiso, sin piedad. Pero esta vez sintió una necesidad, un deseo de proteger y cuidar esa muñeca hecha pedacitos.
Poquito a poco iba ordenando los trocitos de porcelana, pegándolos con mezclas de sentimientos y deseo, hasta que un día la vio entera, reluciente y sonriendo de nuevo. Las grietas en su piel no se notaban casi, solamente su pequeño corazoncito guardaba memorias de los rotos, pero él sabía que el tiempo lo curaba todo. Quien sabe, puede que algún día todo aquello quedara en el olvido y entonces su tarea estaría terminada.
Pero a  él ya no le quedaba amor, se lo había gastado todo en la ruleta de la vida, y ella no sabía amar, porque lo que recibió del destino eran sólo golpes, uno tras otro. Su corazón se había convertido en una fortaleza que no permitía que nadie entrara, para que no haya más destrozos.
El Diablo era un viajero imparable, un caballero con caballo de hierro, cabalgando por campos de asfalto, sin destino, ni dirección. Simplemente cabalgaba, así se sentía libre... O quizás intentaba escapar de su propio infierno.
La muñeca era delicada, pero a la vez muy fuerte. Por primera vez se sentía liberada, volvió a ser la misma que antes y esto la hacia feliz. La atraía el Diablo, le gustaba su caballo y deseaba escaparse junto a él lejos de todo lo que la había roto. Y a él le gustaba su delicadeza, cada vez que la miraba, sus ojos se volvían más alegres. Por esto las escondía tras oscuridad, no quería perder su apariencia de villano.
Se enamoraron locamente, se buscaban, se deseaban, pero ninguno de los dos quería reconocerlo, temiendo que así perderían lo único que les quedaba en esta vida, su libertad...
Habían pactado de no caer en la trampa, de guardar aquel espacio propio, pero de vez en cuando sentían la necesidad de llenar los vacíos con la presencia del otro.
Ella guardaba en los recuerdos todos los ratos que pasaba junto a él, la hacían sentirse una muñeca especial. Él se miraba en el espejo, repasando las marcas de la vida y lo único que se le pasaba por la cabeza fue que eran demasiado profundas y que no cuadraban con la delicadeza de la piel de porcelana que tenía ella.
Pero la deseaba...

©Nadezhda Petkova Kostadinova, 2016
Todos los derechos reservados