Pensé que me había perdido
y tu, que me habías encontrado...
Qué disparates del destino
y de sus bromas descaradas!
Pensé que eras un príncipe,
pero no vi a tu caballo blanco.
Pensaste que era una princesa,
aunque yo ninguna corona llevaba.
Temía que si te besaba
volverías a convertirte en sapo,
aunque no creo que sean de los cuentos
los besos de una muñeca rota.
©Nadezhda Petkova Kostadinova, 2015
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